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Trekking Ligero pero Preparado: El Arte de Llevar Justo lo Necesario (y Nada Más)

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Mira, te lo digo con cariño: si tu mochila parece que te vas a mudar a la montaña, estás haciendo algo mal. En serio. Después de 30 años subiendo cerros, cruzando quebradas y durmiendo con el rocío en la cara, te juro que la clave para disfrutar de un buen trekking es llevar lo esencial, liviano y funcional.

Hoy te voy a contar qué equipamiento clave no puede faltar en tu mochila si quieres hacer trekking como los que saben… sin romperte la espalda ni el espíritu.

¿Por qué el peso importa tanto?

Porque en la montaña, cada gramo cuenta. Un kilo de más puede no sonar mucho en tu casa, pero después de 8 horas caminando cuesta arriba, ese kilo se siente como si llevaras una lavadora en la espalda. Y eso no es exageración, es experiencia.

Ahora sí, vamos al grano.

1. La Mochila: tu casa ambulante

No necesitas una de 70 litros si vas por 3 o 4 días. Una de 40 a 50 litros bien organizada te basta. Fíjate que tenga:

  • Material liviano
  • Buen soporte lumbar
  • Cinturón de carga
  • Bolsillos accesibles (¡el snack tiene que estar a mano!)

Tip personal: nunca metas la carpa en la mochila, amárrala afuera. Y si llueve, ponle una bolsa de basura como protección. No es glamoroso, pero funciona.

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2. Sistema de descanso: liviano pero digno

Dormir mal = día miserable. Lo mínimo:

  • Saco de dormir acorde a la temporada (no uses uno de verano en la cordillera andina, lo digo por experiencia… congelé hasta los sueños)
  • Aislante liviano, tipo espuma o inflable (mejor) (los hay de menos de 400g)
  • Toldo o carpa ultraligera, si es compartida, ¡mejor! Si sabes que hay árboles donde vas a dormir, puedes cambiar la carpa por una hamaca.

Si vas con pareja o amigo/a, compartan carpa y dividan peso. Uno lleva la tela, otro los varillajes. Trabajo en equipo, compadre.

3. Ropa: capas, no cantidad

Nada de llevar la ropa para “por si acaso”. Acá se trata de sistema de capas:

  • Primera capa térmica y respirable (tipo dry-fit)
  • Polar o softshell ligero
  • Chaqueta impermeable-cortaviento
  • Pantalón de trekking, que ojalá se pueda convertir en short

Un par de calcetines extra, ropa interior, y listo. Si hueles raro el día 3, bienvenida/o al club.

Ah, y un gorro. Siempre. El sol y el frío no perdonan.

4. Cocina minimalista (sí, se puede)

Nada de ollas de camping tamaño familiar. Basta con:

  • Cocinilla compacta tipo “hornillo”
  • Cartucho de gas pequeño
  • Una olla liviana de aluminio o titanio
  • Cuchara-spork multiuso

Y si eres pro: tazón de plástico plegable (yo usé uno por varios años hasta que se rompió atravesado por un cuchillo… descansa en paz, compañero).

5. Comida con cabeza (y calorías)

No llevemos cosas pesadas ni con mucha agua. Piensa en alimentos livianos, energéticos y fáciles de preparar:

  • Avena
  • Galletas
  • Tortillas
  • Frutos secos
  • Sopas instantáneas
  • Puré en sobre
  • Atún en sobre, no en lata
  • Salame u otra similar que no requiera cocción.
  • Chocolate. Siempre chocolate.
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Yo hago “bolsitas de raciones por día” y así evito andar revisando la mochila entera cada vez que tengo hambre (o sea, cada hora).

6. Agua: tu oro líquido

Lleva una botella liviana tipo Nalgene o una bolsa tipo hydration pack. Pero ojo, el truco está en cómo conseguir más en la ruta:

  • Filtro de agua compacto
  • Pastillas purificadoras
  • Hervir el agua si puedes

Nunca, pero NUNCA, asumas que el agua del arroyo es segura. Créeme, una diarrea a 2.000 metros no es algo que quieras experimentar.

7. Extras que valen cada gramo

Algunos objetos que pueden parecer innecesarios… hasta que te salvan la vida o el día:

  • Linterna frontal liviana (+ pilas extra o recargable). Si es recargable, lleva powerbank extra.
  • Cinta americana enrollada en el bastón (sirve para todo: reparar mochila, carpa, ampollas, etc.)
  • Botiquín minimalista pero completo
  • Papel higiénico + bolsa ziploc para no dejar rastro
  • Encendedor y fósforos a prueba de agua

Y no te olvides del mapa físico, aunque tengas GPS o app en el celular.

8. Bastones: tus rodillas te lo van a agradecer

No son de abuelito. Son de sabios. Ayudan en subidas, bajadas, y para probar si el barro es charco o trampa mortal.

9. Bolsas, bolsas, bolsas

Una para la ropa sucia, otra para la basura, otra para proteger tus cosas del agua. Y si quieres pro-tip: mete tu saco de dormir en una bolsa seca, no hay nada peor que dormir mojado.

10. Peso emocional (opcional, pero bonito)

¿Una libreta pequeña? ¿Un librito de bolsillo? ¿Ese amuleto que siempre llevas? A veces, cargar el alma es tan importante como cargar la mochila. Si vas a tomar fotos, aprovecha el celular. Si eres de los que le gusta la fotografía más profesional, tendrás que cargar con la cámara, lentes, trípode y todo el equipo. No alegues después.

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Entonces… cuánto debería pesar mi equipo?

Idealmente, sin agua ni comida: entre 7 y 10 kg. Con comida y agua: no más de 13-15 kg. Si te pasas de eso… revisa, algo sobra.

¿Y tú, qué llevas que no puedes dejar?

Ahora te toca a ti. ¿Tienes algún objeto clave que siempre llevas a la montaña? ¿Un truco para ahorrar peso o una historia de cuando llevaste algo totalmente inútil (yo una vez llevé un parlante… en serio. Después aprendí sobre No Dejar Rastro, también implica respetar el ruido de la naturaleza)?

Déjame tus comentarios o comparte tus fotos en el chat de Telegram. Siempre ando buscando ideas nuevas y, quién sabe, tal vez aprendamos algo juntos.

¡Nos vemos en el sendero, con la mochila liviana y el corazón contento!

Originalmente publicado 18 de marzo de 2025 @ 11:00